Los árbitros asistentes son los oficiales del partido que integran el equipo arbitral y cuya función consiste en auxiliar al árbitro principal en la dirección técnica del encuentro. Su intervención se desarrolla siempre dentro de una relación de colaboración funcional y subordinación decisoria, pues asisten al árbitro en la apreciación de hechos del juego, pero la decisión final corresponde en todo caso al árbitro principal.
En el desarrollo del partido, los árbitros asistentes cumplen una función de apoyo cualificado en aquellas acciones en las que, por su ubicación, pueden disponer de un mejor ángulo de visión o de una percepción más precisa que la del árbitro. Esa asistencia se proyecta especialmente sobre incidencias técnicas y disciplinarias relevantes, como el fuera de juego, determinadas faltas o infracciones fuera del campo visual del árbitro, decisiones ajustadas sobre saques o goles, así como la comunicación de conductas incorrectas graves o de incidentes no advertidos por el resto del equipo arbitral. También colaboran en tareas de control general del encuentro, como la revisión de elementos del partido y el registro de incidencias.
No son una autoridad deportiva autónoma e independiente del árbitro, sino una extensión del equipo arbitral sobre el terreno de juego, orientada a mejorar la calidad de la decisión y a reducir el riesgo de error en acciones que pueden tener relevancia competitiva o disciplinaria.
Conviene diferenciarlos de figuras próximas. No son el árbitro principal, porque no dirigen por sí mismos el partido ni adoptan la decisión definitiva sobre las incidencias del juego. Tampoco deben confundirse con el árbitro asistente de vídeo, cuya intervención responde a una lógica tecnológica y a supuestos de revisión específicos. Los árbitros asistentes ejercen una asistencia presencial, inmediata y continuada durante el encuentro, dentro de la dinámica ordinaria del juego.